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martes, 15 de julio de 2014

El Ciclo de odio empieza en las gradas de los estadios

Hay un ciclo del odio y la violencia por razones de etnia, género, nacionalidad o religión que no puede analizarse de manera fragmentada. 

Comienza en los fondos ultra de los estadios de fútbol, continúa con la propaganda y el adoctrinamiento en Internet, sigue en conciertos y actividades lúdicas, y concluye en “cacerías” del “otro” visto como enemigo. 

El presidente del Movimiento contra la Intolerancia, Esteban Ibarra, insiste en observar de manera global el fenómeno y apostar por el “diálogo intercultural”, a partir de su experiencia como uno de los promotores de la Plataforma contra la Islamofobia, la Red Cívica contra el Antisemitismo y textos como “Los crímenes del odio” (sobre la violencia nazi en el estado español) o “La España racista”. Sus artículos y comentarios pueden encontrarse en el blog www.estebanibarra.com.

El presidente del Movimiento contra la Intolerancia destaca la importancia del juicio que comienza el 14 de julio en Valencia contra la organización nazi Frente Antisistema (FAS), al tiempo que manifiesta su preocupación por una actividad cada vez más frecuente entre la extrema derecha: el reparto de comida “sólo para españoles” en los barrios populares azotados por la crisis y con fuerte presencia de inmigrantes.

-El Movimiento contra la Intolerancia forma parte de la acusación popular en el juicio contra el grupo Nazi Frente Antisistema (FAS), que se celebra el lunes 14 de julio en la Audiencia de Valencia. ¿Qué importancia tiene esta causa? Además, habéis manifestado algunas dudas en el proceso…

El juicio es muy relevante porque estamos ante una organización nazi potente, que según la investigación de la guardia civil alcanza a 70 afiliados. Ha quedado demostrada su potencia ideológica, doctrinaria, de acción y armamento. En cuanto al juicio en sí, nos gustaría que quedaran claros algunos aspectos como el origen del armamento, por qué uno de los distribuidores de las armas, detenido inicialmente, no está acusado. 

Hay otros acusados, asimismo, cuyo caso se archivó pero que en el informe de la guardia civil se reconoce que eran miembros del (FAS) y, por ello, podían tener algún tipo de responsabilidad. Es un ámbito que queda nublado y tal vez el juicio nos aporte claridad. Con esto, sólo queremos decir que el juicio, además de aplicar justicia a quienes tienen responsabilidad, nos ha de ayudar a ofrecer más luz en la investigación.
-Algunas fuentes cuantifican en 1.500 el número de páginas de Internet que incitan al odio y al racismo. 

¿Cómo puede combatirse esta realidad? ¿Hay herramientas suficientes?
Actualmente estamos viviendo una situación de impunidad en el ámbito de Internet. Hay pocas herramientas. La primera que se necesitaría es una reforma del Código Penal para castigar la incitación al odio, la discriminación y la violencia por motivos de racismo e intolerancia. Actualmente el Código Penal habla de “provocación” no de “incitación”, y lo que hacen las páginas web es fundamentalmente incitar. Por tanto, salvo que tengan una relación muy directa con el ejercicio de la violencia, evitan que haya una acusación formalizada por parte de la fiscalía de delitos de odio. Hay otro problema añadido. Las investigaciones no llegan a buen puerto porque muchos servidores se hallan en Estados Unidos y, con la primera enmienda constitucional, facilitan la libertad de expresión sin límites. Así, cuando un juez se dirige al departamento de Justicia estadounidense muchas veces no obtiene una respuesta favorable.

-Has escrito recientemente un artículo titulado “desprogramar a un nazi”, en relación con la agresión a un joven de origen asiático en el metro de Barcelona. ¿Crees factible esta “desprogramación”?
La esperanza no la pierdo nunca. Creo en el ser humano y en las personas, y en que nadie nace siendo nazi, violento ni machista. Por eso pienso que la clave radica en la educación en valores. Aunque también es cierto que estos grupos tienen un elevado componente de fanatismo, sectarismo y eliminación de la personalidad autónoma. Por tanto, “desprogamar” a un nazi implica recuperar a estas personas. Mi tesis es que cuanto las personas son más jóvenes, existen mayores posibilidades. En gente de más edad y más “fanatizada”, creo que la herramienta adecuada es la disuasión en el ámbito de los límites legales.
-En el Movimiento contra la Intolerancia se defiende el “diálogo intercultural”. 

En algunos ámbitos de la izquierda se podría descalificar este planteamiento como “postmoderno” y encubridor de una realidad más profunda, las desigualdades económicas. ¿Qué opinas?
No somos uniformes. La diversidad cultural es algo evidente en el estado español y en Europa, y más aún con los actuales flujos migratorios. Las personas inmigrantes vienen con su religión, lengua, costumbres y cultura. El “diálogo intercultural” es una apuesta democrática, horizontal y que pivota sobre una idea: el reconocimiento de la diferencia y también de la igualdad en materia de dignidad y derechos humanos. No existe, así pues, una contradicción respecto a la lucha contra la pobreza. Opino que esa jerarquía de “luchas” está abocada al fracaso. Todo va unido y, generalmente, aquéllos a quienes se les niega la “diversidad” cultural suelen ser los más pobres.

-Por otro lado, ¿considera que los fondos de los estadios de fútbol continúan siendo un foco de incitación al odio y al racismo, o han quedado desplazados por otros espacios?
Es el foco más importante. Los fondos de los ultras en los campos de fútbol continúan siendo los viveros del odio. Por ejemplo, los Ultra Yomus, en Valencia, que aparecen mencionados en el sumario de la “Operación Panzer”. Ultras Sur o el Frente Atlético en Madrid; las Brigadas Blanquiazules o los Boixos Nois en Cataluña. Es tal la gravedad del asunto, que actualmente no hay equipo de primera división, segunda o segunda b que no cuente con un grupo ultra. Allí es donde se recluta a la gente y, en consecuencia, donde se concreta el potencial de captación de las organizaciones que promueven el odio. Pero después se adoctrina en Internet, se fanatiza en los conciertos racistas y se termina organizando y promoviendo “cacerías”. Éste es el ciclo. Quien lo observe de una manera fragmentada, no está entendiendo el problema.
-Las elecciones europeas y el ascenso de la extrema derecha. ¿Coincides en la distinción que habitualmente hacen los politólogos y los medios entre fascismos y populismos de derecha?

Creo que hemos de distinguir entre organizaciones que en un momento dado pueden plantearse la gestión de las instituciones, y otras cuyo mensaje principal es la destrucción del sistema democrático. La “punta de lanza” de estas últimas son los grupos neonazis. Esto es muy visible en Grecia con “Amanecer Dorado”, y en los casos del Jobbik húngaro o el NPD alemán. De hecho, hay un esfuerzo por diferenciarse de los anteriores por parte del Frente Nacional francés, el UKIP británico y organizaciones de países nórdicos. Ahora bien, existen los vasos comunicantes entre ellos. También depende de la coyuntura. En términos generales, en Europa se está enarbolando la bandera de la xenofobia con dos ejes: el rechazo a la presencia musulmana (por ejemplo, en Francia, Gran Bretaña y Holanda); y el rebrote del antisemitismo, como puede apreciarse en Hungría (donde se plantean “listas”, a pesar de que durante la segunda guerra mundial se masacró a 600.000 judíos húngaros) o en las declaraciones antisemitas de Jean-Marie Le Pen. A ello habría que agregar la homofobia, pues suelen ver en los homosexuales un peligro para su idea excluyente de familia.
-En Ucrania la extrema derecha se encuentra en la calle y en las instituciones. ¿Qué opinas del papel de la Unión Europea?
La gente no ha de equivocarse. En Maidan había una extrema derecha potentísima. Las organizaciones ucranianas “Svoboda” y “Sector Derecho” son conocidas porque han tenido contactos y reuniones con organizaciones ultraderechistas de nuestro país, por ejemplo, Democracia Nacional. Además, Acción Nacional Revolucionaria (ANR), de carácter neonazi, ha apoyado al “Sector Derecho”, que es hoy un punto de referencia para todo el nazismo europeo. Por lo demás el papel de la Unión Europea es muy cuestionable.

-Otro punto de inquietud son los prejuicios que se extienden en la Europa Central (Hungría, República Checa o Eslovaquia) respecto a los gitanos.
Vuelven a reproducirse las mismas fobias y rechazos contra judíos, gitanos e inmigrantes que en los años 30. Los gitanos están siendo objeto de persecución, incluso, por partidos democráticos. Es lo que ha ocurrido en Francia. En Hungría, Italia o Francia la población gitana está sufriendo la represión, y a veces persecución y crímenes. Es un asunto muy sensible, junto al de la inmigración (sobre todo de la población negra), pues concentran un buen número de las agresiones.

-En el estado español, están dándose casos de manifestaciones ultraderechistas y repartos de comida “sólo para nacionales” en barriadas con numerosa población inmigrante. ¿Cómo observas el fenómeno?
Hay que pedir a las instituciones que intervengan. Todas, las representativas pero también las fiscales. Es una práctica discriminatoria que rompe con el principio de la igualdad de trato, asumido en toda la Unión Europea. No puede permitirse la “crueldad” de repartir comida a unos y no a otros. Ha habido casos en Valencia, Barcelona, Zaragoza, Alcalá de Henares y en Sevilla. Además, pienso que es una práctica que va a desarrollarse, al igual que el acoso a las mezquitas, después del verano, como una vía para encarar las elecciones municipales y autonómicas. Plantean estas prácticas partidos como España 2000, Democracia Nacional o el Movimiento Social Republicano. Pero es una práctica que se va extendiendo por toda la extrema derecha.

-Por último, ¿plantearías la ilegalización de las organizaciones de estas características?
Hay partidos que están claramente transgrediendo fundamentos esenciales de la democracia, por ejemplo, con la negación del holocausto o la provocación al odio y a la violencia. Estos partidos deberían ser puestos inmediatamente ante el Tribunal Supremo y proceder a su ilegalización. En otros casos, depende. Porque hay una línea clara: si aceptan o no las reglas de la democracia, que implica respetar la dignidad intrínseca de las personas y los derechos humanos. Si no es así, ése partido no debería ser legal.

viernes, 9 de mayo de 2014

Es vital volver convocar el Observatorio contra el racismo





Esteban Ibarra, presidente del Movimiento contra la Intolerancia, fue el gran impulsor junto a Jaime Lissavetzky del Observatorio contra el Racismo. Pide su vuelta a la actividad.
—¿Cómo ha visto desde fuera los dos últimos episodios de Daniel Alves en Villarreal y Diop en el Ciutat de Valencia? Esta temporada, Nyom también recibió insultos racistas en Elche y Paulao en el Sánchez Pizjuán.
—Es que esto no es puntual. Los episodios son siempre reiterados. Recuerdo que mientras estábamos discutiendo la Ley contra el Racismo, por 2007, hubo una campaña de hostilidad contra Etoo. Recuerdo el día que se iba a ir de La Romareda. Al final del partido dijo que el ataque a la dignidad era casi lo de menos, pero que él salía con un guardia de seguridad con él y que la gente de la calle, no. Fue una premonición. Al poco tiempo se produjo el episodio de Miwa Buene (un economista congoleño que quedó tetrapléjico después de pasar quince días en coma. Un puñetazo por la espalda en la nuca de un neonazi de 29 años le costó la rotura de tres vértebras y una lesión medular grave).
—¿Hay que volver a convocar el Observatorio contra el Racismo?
—Es vital. Hace poco vi a Lissavetzky y se lo dije, que ya no nos reuníamos. Se quedó extrañado. “¿Ya no os veis?”, me preguntó. Yo creo que desde 2010 a 2014 el Observatorio no se ha vuelto a convocar.
—¿Qué ocurrió?
—Pues planteamos hacer un informe general de comportamiento de clubes de Primera, Segunda y Segunda B. Eran tiempos de bastante congruencia, aunque es verdad que la LFP no venía a las reuniones. El Observatorio era fundamental y funcionaba bien, pero cuando llegaba el momento de aplicar la ley no se hacía.
—¿Tuvo que ver el cambio de Gobierno para que dejase de reunirse?
—No. Es una situación que viene del final del anterior Gobierno. Jaime Lissavetzky lo impulsó. Además, María Teresa Fernández de la Vega, que era vicepresidenta entonces, nos recibió y mostró gran interés en el asunto para que avanzase. Pero el sustituto de Lissavetzky, Albert Soler, no lo convocó. Así que no puede decirse que sea imputable al cambio de partido. Sucedió que las conclusiones de nuestros estudios suponían una contradicción porque los clubes no cumplen los reglamentos. Todas las peñas de equipos de fútbol se registran en el Ministerio del Interior y no hay problema. Y sin embargo, los grupos ultras no están registrados. Y funcionan con impunidad.
—¿Pero de verdad es éste un problema sólo de ultras? En Villarreal no hay. ¿Podría haber un error de planteamiento?
—Suelen ser comportamientos grupales. Y hay mucho infectado. Para empezar, el que tiró el plátano en Villarreal lo cogió en casa, pero seguro que ya le había dicho a alguien: “Voy a tirárselo al mono cuando se acerque al córner”. Y si se miran con detenimiento las imágenes de la esquina del Ciutat de Valencia se observa que hay aficionados que hacen el sonido del mono que no son ultras. Pero se infectan del comportamiento de esos grupos.
—Competición ha sancionado al Villarreal con 12.000 euros de multa. ¿Le parece que miramos hacia otro lado?
—Seguimos transmitiendo el mismo mensaje laxo.
—¿El fútbol español es racista y no queremos admitir nuestro problema?
—Respondo siempre igual a esta pregunta: no. He estado con la gente del fútbol español y no somos racistas. Pero tenemos comportamientos de ese tipo y no los combatimos con firmeza, con la ley. Y sigo viendo las mismas banderas anticonstitucionales o nazis en las zonas de ultras de los campos. Símbolos ilegales permitidos. Mi diagnóstico, y me cuento entre los miles de aficionados al fútbol como toda mi familia, es que tenemos un problema con los ultras y la infección que generan en su entorno más que con el racismo. Al no castigarse con severidad, hasta un chico de 14 años que ve cómo no se toman medidas puede tomar como costumbre hacer uh, uh, uh.
—Vuelvo al Observatorio Contra el Racismo. Explique por qué es vital convocarlo.
—Tuvo una vida intensa, era un buen vigilante para estas manifestaciones de racismo en los estadios. Pero creo que no sólo debe convocarse. Debemos dar tres pasos. Uno, debe tener una dinámica operativa real. Que haga análisis, informes y propuestas. Dos, hay que generar vías de canalización de denuncias para que lleguen a la Comisión contra el Racismo y se aplique la Ley. Y tercer punto. Insisto. Debe haber un registro de grupos ultras en el Ministerio del Interior. Lo que pasa es que los directivos se asustan.
—Dijo Miguel Cardenal, secretario de Estado para el Deporte, que este Observatorio cayó en desuso.
—Porque él no quiere convocarlo. En la contestación está todo. Si quiere que deje de estar en desuso, que nos llame. Porque quieran o no, ese Observatorio está creado por Ley y además depende del secretario de Estado para el Deporte. Es un organismo incómodo, ellos decidieron no utilizarlo cuando en el fondo puso a mucha gente en común.
—Pero de su discurso se infiere que a la LFP tampoco le hace mucha gracia el Observatorio.
—Voy a ser cuidadoso para expresarme. Deduzco que a la LFP no le gusta el Observatorio. Ya dije que no vino a dos o tres reuniones. El Observatorio es exigente con los clubes para pedir los informes necesarios o esos registros que solicitamos. La LFP intenta esquivar ese debate.
—¿Cree que le va a llamar Cardenal para activar al Observatorio?
—Pues mire, me gustaría que tuviera esa sensibilidad. Hay voces en los medios de comunicación. Y me consta que los mismos clubes, hoy en día, están preocupados por el asunto porque en sus vestuarios hay gente de muchas razas y hay incluso episodios que sufren sus jugadores con sus mismas aficiones.
—Diga.
—Siempre fuimos de la mano del pensamiento de la FIFA y de la UEFA. Vemos cómo se multiplican las campañas de los jugadores contra el racismo. Es una preocupación latente. Si a nivel internacional se nos da la razón y este es asunto prioritario en cualquier país, no lo hagamos de menos aquí. Lo correcto es convocarlo.
—Decía en una entrevista anterior a AS que no sabía si creerse lo de la nueva grada de animación del Madrid. ¿Están encima de sus primeros pasos?
—Si le soy sincero, no hemos hecho un seguimiento exhaustivo a ese grupo. Pero también le digo algo. Los ultras no desaparecen de los campos de fútbol en un día.

domingo, 6 de marzo de 2011

La España Racista. Esteban Ibarra

Esteban Ibarra denuncia que en Europa hay 10.000 webs racistas, 400 españolas
EFE, Madrid

Esteban Ibarra, presidente de la ong Movimiento contra la Intolerancia, ha denunciado hoy que en Europa, "y al amparo de la impunidad que permite la Red", existen unas 10.000 webs que promueven el racismo y la xenofobia, "el odio" al diferente, de ellas unas cuatrocientas españolas.

Ibarra hizo esta denuncia en la presentación de "La España racista", su nuevo libro, editado por "Temas de hoy", un capítulo más en su lucha, ya larga, en defensa de las víctimas del odio y de su memoria.

"En el libro -dijo- no hablo de tribus urbanas; no, no tienen nada que ver. Hablo de criminales con rostro, nombre y apellidos, de asesinos que, amparados en la ideología, niegan la dignidad del otro, hasta el extremo de acabar con su vida".

El presidente del Movimiento contra la Intolerancia alertó sobre el más que preocupante "incremento del populismo xenófobo" en Europa, una forma de pensar y actuar que sitúa al inmigrante como el "origen de todos los males", y del resurgimiento de una extrema derecha que lo utiliza para su provecho electoral.

"No se pueden trivializar los delitos de odio", escribe Ibarra en el prólogo de su libro, en el que insiste en que "un Estado democrático tiene el deber de actuar de forma congruente frente al problema". Y, en su opinión, no lo está haciendo. "No ataca a fondo las causas y raíces, tampoco asume sus consecuencias".

En España, en su opinión, el problema es todavía mayor, pues su existencia "se sigue banalizando". De ahí la necesidad, argumenta, de que los responsables políticos abandonen ese discurso "banal", que reduce los delitos de odio a la existencia de "tribus urbanas".

"Les invitamos -insiste Ibarra en el prólogo- a que pregunten a las víctimas sobre la alarma que les causa un delito de odio y tras escucharlas comprobarán que es horror de por vida".

Tres de esas víctimas, y sus desgarradores testimonios, acompañaron a Esteban Ibarra en la presentación. "Nuestro país -escribe el autor- no es racista, pero hay una España racista que no sólo no debemos ocultar sino que debemos erradicar".

Uno de ellos es el de Miwa Buene, el joven congoleño que desde febrero de 2007 vive, tetrapléjico, en una silla de ruedas, como consecuencia del golpe que le propinó Roberto Alonso, hoy en prisión.

En las palabras de Miwa Buene no hay odio hacia su agresor. "Mi perdón es la cárcel", dice. "No le guardo ningún rencor", insiste, al tiempo que recuerda que su agresor en ningún momento le ha pedido perdón.

Su vida es dura, "muy dura", reconoce, porque apenas se puede mover y es dependiente para todo de la gente que le rodea -"cuando voy al banco -cuenta- me tienen que atender en la calle, pues con la silla de ruedas no puedo entrar en la oficina"-, pero, a pesar de todo, su testimonio es de agradecimiento. "Mi nueva vida -dice- se centra en trabajar para concienciar a los jóvenes contra el racismo".

Mavi Muñoz, la madre de Carlos Palomino, el joven antifascista asesinado en un vagón del Metro de Madrid en 2007, apuñalado por el entonces soldado Josué Estébanez, no habla de su hijo en pasado. "No es que no acepte su muerte -se sincera-, es que convivo día a día con su recuerdo, porque está muy dentro de mí, en mi corazón".

Serena pero sin poder evitar que las lágrimas asomen a su mirada, Mavi Muñoz reclama "menos impunidad, menos tapadera" para los que fomentan el odio a los diferentes, a los que comparó con los terroristas de ETA.

Han pasado dieciocho años desde el asesinato de Guillem Agulló, acuchillado también por un joven neonazi, Pedro Cuevas, y su recuerdo permanece intacto en sus padres, que acudieron también a la presentación del libro de Ibarra.

"Educamos a nuestro hijo en la tolerancia, en el respeto al diferente,...y por eso no podíamos creer, ni creemos todavía, lo que ocurrió", afirmó su padre, un hombre de izquierdas de toda la vida que aprovechó el acto para denunciar la "connivencia" que existe en el Levante español entre nazis y algunos políticos. "Todo se tapa", recalc

viernes, 14 de enero de 2011

El Discurso del Odio

Diario Publico 14/01/2011

Esteban Ibarra. La matanza de Arizona ha conmocionado al mundo. El ataque criminal con 6 muertos y 14 heridos, entre ellos la congresista demócrata Gabrielle Giffords –militante contra el racismo y afiliada a la Liga Antidifamación, activa defensora de los derechos humanos frente a la legislación xenófoba en Arizona y de leyes progresistas–, ha puesto en primer plano un debate que ella misma significaba: la relación entre el discurso del odio y la violencia. Señalada en una web de la líder del Tea Party, Sarah Palin, que marcaba 20 mujeres demócratas con una diana como objetivo a abatir (políticamente) por su progresismo, Gifford fue víctima de una matanza indiscriminada. ¿Fue obra de un loco o hay algo más?

Aunque es pronto para saberlo, hay indicios e interpretaciones que se deben considerar. Por la documentación encontrada, Loughner, el criminal de 22 años, parece tener una personalidad racista, antiabortista y filonazi. Algunos tratan de confundir explicando que, junto a Mi lucha, en su domicilio se encontró el Manifiesto Comunista, sin embargo, esto es habitual en una corriente ideológica que se expande, también en Europa, como “nacional bolchevismo”, una de las variantes actuales del neonazismo. No quiere decir nada. Sin embargo, el sheriff demócrata de Tucson señaló que esta decisión criminal estaba tomada con antelación y añadió que el lugar se estaba convirtiendo en la “Meca del odio y la intolerancia”. En esa misma línea explicó el director del FBI la amenaza que supone el “discurso de odio” cuando se producen ataques cometidos por “lobos solitarios”. A
Loughner lo defenderá un abogado que llevó el caso de otro “lobo solitario”, Timoty Mac Veight, autor de la matanza de Oklahoma, en la que murieron 168 personas.

No hay por qué descartar la lógica expresada en la web neonazi stormfront.org por Tom Metzger, líder del White Aryan Resistance, que descansa en la idea de resistencia a la democracia y militancia como “lobo solitario”, referencia nazi hacia aquellos que asumen el combate sin manifestaciones, conciertos, reuniones o líderes. Lo explica perfectamente señalando que sólo pueden decir cinco palabras en un interrogatorio: “No tengo nada que decir”. De momento, el asesino de Tucson cumple el guión. Además, los psicópatas del odio necesitan alimento emocional y lo encuentran en la retórica agresiva de la intolerancia con su tríada maligna de odio, discriminación y violencia. Los “lobos” pistoleros, “solitarios” o acompañados, interiorizan los mensajes-fatuas antes de cometer su ejecución. Es el discurso que precede a la acción. En un contexto fanático contra el adversario y con libre acceso a las armas, como le gusta al Club del Rifle. Un discurso que no sólo alimenta el movimiento ultra del Tea Party, ya que en
Arizona hay16 grupos de odio, como denuncia el Souther Powerty Law Center (SLPC), desde los xenófobos American Bordel Patriol hasta los nazis del poder blanco de Free American, pasando por el KKK y los Hammerskin, Blood & Honour y Voksfront. Estos ultrapatriotas se benefician de la Constitución norteamericana, que interpreta la libertad de expresión sin límites, salvo la acción directa a la violencia, alientan el prejuicio, practican el insulto, siembran odio e incluso señalan objetivos de “guerra”, como hicieron miembros del Tea Party con Giffords en Take Back The 20. A Loughner le encontraron en su domicilio escritos del movimiento Patriot, ideas de la teoría de la conspiración mundial judía y otros que apuntan a algún vínculo con la American Renaissance, según el Departamento de Seguridad Nacional. Puede que esté loco, pero indudablemente es un asesino alimentado por el odio que decide y selecciona su objetivo.

En Europa las facilidades son menores. Por estos motivos, la Unión Europea aprobó en 2008 la Declaración Marco de Derecho Penal contra el Racismo y la Xenofobia que obliga a todos los países a armonizar su ordenamiento penal para perseguir por estos motivos la “incitación” al odio y la negación del Holocausto, entre otros temas. España todavía tiene pendiente su cumplimiento riguroso y lo ha olvidado en su última reforma del Código Penal. La Convención Europea de Derechos Humanos y el Tratado de la Unión, entre otras normativas, decidieron poner límites a la libertad de expresión para que no se permita transgredir los derechos fundamentales de las personas, algo que ahora parece normalizarse en internet.

La pregunta que debemos hacernos ante esta realidad es si el ius puniendi del Estado ha de actuar contra estas expresiones del discurso del odio. Desde hace tiempo, en nuestro país, el populismo xenófobo encierra el peligro de alimentar la intolerancia y el odio. No debemos olvidar a Lucrecia Pérez, primera víctima del racismo en nuestra historia reciente, y a las decenas de homicidios que siguieron después. El Estado debe procurar la garantía de los valores democráticos que identifican a una sociedad abierta, entre los que se encuentran la tolerancia y los derechos humanos, y no debe permitir la difusión de ideas contrarias a valores como la dignidad, libertad e igualdad que la Constitución garantiza formalizando su penalización conforme a los acuerdos democráticos de las instituciones europeas. Como afirmaba Glucksmam en su perturbador análisis sobre la inquietante presencia del odio en nuestro siglo, aunque creíamos haberlo superado, existe, y lo vemos a pequeña y a gran escala. Hoy el reto es sobrevivir al odio.

Esteban Ibarra es presidente de Movimiento contra la Intolerancia