La tensión acumulada en estas últimas semanas estalló ayer a la salida de los jugadores de Pasarón, cuando un grupo de aficionados del sector más radical, protagonizó enfrentamientos con algunos jugadores para echarles en cara la delicada situación deportiva del club tras el empate ante el Conquense. El que salió peor parado fue Iban Espadas, que vio su coche rodeado por una docena de exaltados, que insultaron al jugador y golpearon y zarandearon el vehículo, en el que también viajaban su novia y la esposa de Sergio Castaño. En el incidente, Espadas trató de esquivar al grupo y se subió a la acera y acabó derribando una señal de tráfico.
El delantero acudió de inmediato a la Comisaría para interponer una denuncia contra un grupo de seguidores a los que pudo identificar, a los que acusó de "un intento de agresión". A la altura la avenida de A Coruña, cerca de la rotonda de O Burgo, los insultos que ya había recibido al abandonar el estadio fueron más allá cuando cerca de una docena de aficionados, que habían trasladado su protesta a esa zona ante la presencia de la Policía Nacional en la grada norte del campo, rodeó el vehículo y comenzó a zarandearlo. En la maniobra para intentar esquivarlos, el delantero acabó subiendo el vehículo a la acera, donde derribó una señal de tráfico, provocando importantes desperfectos en su coche. Hasta las zona se desplazaron varias dotaciones de la Policía Nacional y Local, que confirmaron el alcance de los incidentes y los altercados entre los radicales y varios jugadores.
Según explicó Sergio Castaño, los radicales, que en un primer momento lanzaron una camiseta al vehículo para frenarlo, habrían acudido incluso a las puertas del domicilio de Espadas para seguir increpándolo. Los problemas con ese sector de la grada habían comenzado varias horas antes. Durante el calentamiento, el delantero guipuzcoano fue uno de los blancos de sus críticas y gestos obscenos. La tensión se tradujo en una acalorada discusión e intercambio de insultos entre las dos partes. "No se debe permitir pasar la línea que se traspasó esta noche. Entiendo que nos insulten en el campo, que nos digan que somos malos o que no le ganamos a nadie porque tienen razón, pero es una vergüenza que pasen este tipo de incidentes", dijo Castaño, que también fue increpado a su salida del campo.
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martes, 12 de abril de 2011
miércoles, 5 de enero de 2011
Incidentes Pontevedra

Unos quince peñistas irrumpen en la sede del Pontevedra a la fuerza
Unos quince representantes de las Peñas del Pontevedra irrumpieron ayer en la sede del club para exigir a gritos la dimisión del director general, Fran Crujeiras, como culmen a una manifestación frustrada que partió desde la Praza de A Peregrina.
Los aficionados, que lo culpan de la agonía económica que amenaza con acabar con los casi 70 años de historia de la entidad, tenían previsto proferir todo tipo de chillidos contra él desde la calle. Sin embargo, una vez allí perdieron los nervios y optaron por entrar en las oficinas con unas formas más que discutibles.
Los peñistas la emprendieron a golpes con mesas y puertas mientras buscaban a Fran Crujeiras, que escuchó acusaciones de «ladrón» e insultos malsonantes. La situación llegó a ser tan tensa que una pareja de la Policía Nacional tuvo que personarse en la sede con rapidez para evitar que la cosa pasara a mayores. El director general ya había sido localizado.
Intervino la Policía Nacional
Las fuerzas del orden consiguieron apaciguar los ánimos de los aficionados granates y Crujeiras accedió a reunirse con ellos, ya sin la presencia de los agentes. En principio, quería entrevistarse con tres portavoces, pero los demás peñistas presionaron para conseguir estar también en la sala de juntas. El encuentro fue tenso, pero desaparecieron los gritos y se recuperaron las formas. Los aficionados lo fueron criticando por turnos, siempre con la solicitud de su dimisión como fondo del debate.
El dirigente les explicó cómo se había llegado a esa grave crisis económica e insistió, una y otra vez, en que su gestión desde que llegó al Pontevedra ha sido buena y que incluso redujo la deuda. Los peñistas tacharon su discurso de «palabrería» y nunca se sintieron convencidos.
Uno de los instantes más tensos tuvo lugar cuando un hincha le recriminó que hubiera utilizado el dinero destinado a pagar a Hacienda y la Seguridad Social para abonar algunas nóminas de la temporada pasada. A su juicio, esa medida tendría que haberla aprobado Consejo.
Crujeiras aseguró que una de sus competencias como director general era tomar ese tipo de decisiones de forma unilateral y repitió que solo se irá si el club le paga todo lo que le debe. Los peñistas salieron de la sala diciendo que seguirán luchando por lograr su dimisión.
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martes, 25 de mayo de 2010
Incidentes Oviedo Pontevedra

El infierno del Tartiere se saldó con hinchas heridos y cuatro autobuses dañados
Bochornoso y lamentable. Esos son dos de los calificativos más suaves que se podrían emplear para ilustrar el infierno en el que se convirtió el Carlos Tartiere al final del partido. Los aficionados del Pontevedra, que estuvieron recluidos durante dos largas horas en la grada, recibieron una lluvia de objetos desde el césped y los aledaños del estadio por parte de más de tres centenares de hinchas del Oviedo, que pudieron causar más de una desgracia.
Los antidisturbios se vieron impotentes para frenar el aluvión de lanzamientos de piedras, que acabaron causando brechas a dos aficionados del Pontevedra, porque la grada estaba abierta por la parte de atrás y los cascotes, enviados desde una carretera elevada y paralela, se colaban como misiles. La fortuna quiso que las dianas se produjeran con piedras de pequeñas dimensiones. De lo contrario, estaríamos hablando de consecuencias más graves.
Con las manos en la cabeza
El gentío que conformaba la marea granate se vio obligado a agacharse y a cubrirse la cabeza con los brazos para evitar daños de consideración. Aún así al menos dos personas sufrieron brechas en la testa y tuvieron que ser atendidas. Niños llorando y madres desesperadas y desbordadas por la situación fueron algunas de las imágenes más tristes de un espectáculo futbolístico que no había defraudado a nadie.
Pasadas las diez de la noche las fuerzas del orden ordenaron desalojar la grada al creer que el peligro había pasado.
Los aficionados, muchos de ellos aterrorizados, bajaron las escaleras con temor y salieron a la calle para acceder a los autobuses que aún no habían sido inutilizados. Cuatro de ellos estaban dañados y un quinto tuvo que quedarse en Oviedo porque una piedra había atravesado por completo la luna delantera y se había depositado en el suelo próximo a los asientos traseros.
Por suerte, ese ataque se produjo en el campus universitario, en el que estaban custodiados por las fuerzas de seguridad, y no había aficionados cerca.
Nuevo ataque ovetense
Una vez en el exterior del estadio se reprodujeron los lanzamientos de cascotes, en este caso de grandes dimensiones, de cristales y otros objetos contundentes, y los aficionados fueron conducidos de nuevo al interior del Carlos Tartiere. Por suerte, en esta nueva ofensiva violenta no hubo que lamentar heridos.
La marea granate tuvo que estar recluida durante otra hora a oscuras hasta que los vándalos fueron desalojados por completo. Para ello, los antidisturbios tuvieron que emplearse a fondo con continuos lanzamientos de bombas de humo y pelotas de goma.
En ese instante, pudieron salir de la cueva los atemorizados seguidores del Pontevedra, que consiguieron subir por fin a los autocares.
Una granate en el hospital
No obstante, los incidentes no tocaron a su fin porque un pequeño grupo de hinchas carbayones regresaron al campo de batalla a última hora. Fue la traca final. Varios testigos presenciales aseguran que algunos integrantes de Furya Granate se enfrentaron con ellos y la policía cargó contra los pontevedreses.
El resultado de la embestida fue una chica herida, que tuvo que ser atendida en el hospital ovetense con un corte en una mano. Recibió las correspondientes curas y fue dada de alta a la una de la madrugada.
Seis denunciados por la policía
Hay que destacar que la policía identificó a seis aficionados locales y formuló la correspondiente denuncia contra ellos. En Pontevedra habían sido nueve.
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