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lunes, 2 de diciembre de 2013

Ultras Sur

"Soy del Atlético, me gusta el Madrid y piso las gradas del Bernabéu. Al que no le guste ya sabe. Heil Hitler!". El nuevo cabecilla de Ultras Sur, Antonio El Niño, también confiesa en Twitter que el fútbol "se la suda" y se queja de que empiece la Liga. La esquizofrenia que vive el grupo ultra más famoso y violento de España ha terminado devorándolo. Con él, su presencia en el fondo sur del estadio, donde ha estado más de tres décadas. También es historia una leyenda del movimiento ultra, Álvaro Cadenas: la noticia de su retirada fue tan impactante en Madrid que llegó a desplazarse de los círculos neonazis, donde Cadenas es un mito, a los medios de comunicación.
Cadenas es el depositario de la tradición de Ultras Sur, segundo deOchaíta durante años y compañero de él en cacerías pospartido a hinchas rivales, robos, apuñalamientos y detención fulminante en Bonn por la exhibición de banderas nazis en uno de los mayores escándalos de la historia de Ultras Sur: entrar en Alemania ondeando esvásticas. Hoy Cadenas es un padre de familia numerosa y abogado brillante de una importante firma internacional. Todas las mañanas se sube el cuello de la camisa para ocultar su cicatriz de guerra; la rajada en la garganta de oreja a oreja que le hicieron en Barcelona durante una pelea con un yonqui. "El Álvaro aún tuvo los cojones de irse a por él y reventarle la cabeza a hostias", le dijo un ultrasur a Antonio Salas, el periodista infiltrado que publicó Diario de un Skin. "Yo iba con él a clase. No he visto una mirada igual en mi vida", dice a este periódico un antiguo compañero suyo de carrera.
La leyenda de Cadenas es pura biología sacada de un documental de National Geographic: el más fuerte y el más valiente de la manada retirado para atender a los suyos, empujado por un grupo fiero de sangre más joven. Su nombre inspiraba terror y sus palizas se contaban a los nuevos como leyendas perdidas en las noches de los tiempos, parte de la historiografía oficial de Ultras Sur. En 2002 sufrió su última detención: tras el atentado de coche bomba en los alrededores del Bernabéu antes de la semifinal de Champions frente al Barcelona, los ultras salieron en estampida con sed de violencia derribando y agrediendo todo lo que veían. La televisión mostró a cabezas rapadas fuera de sí exhibiendo a la luz del día lo peor de su doble vida, como si a los vampiros se les hubiese hecho de noche de repente. En el bufete se percataron de que uno de ellos, concretamente el líder, era su gran promesa de la abogacía. Se reunieron con él y le preguntaron si sus actividades fuera del despacho tendrían alguna vez repercusión en el trabajo. Les contestó que no.
Álvaro Cadenas, que abría en los días de partido el Drakkar, antaño Moai y aún antes Mr. Raff de Ochaíta, punto de reunión de neonazis y violentos del Real Madrid, ha desmontado el letrero del garito y echado la verja. El sábado no había rastro del Drakkar en Marceliano Santa María, donde corría un viento helado. Tampoco de Ocha ni de Cadenas. Algunos de ellos, herederos de los PunkoyEl Largo,Imperdible Paranoico, primeros cabecillas de Ultras Sur, escisión de 1980 de la peña Las Banderas surgida para dar respuesta violenta a los hinchas radicales de otros equipos, ya son abuelos. El club tenía un pacto con la cúpula desde el derribo de la portería en 1998: nada de simbología fascista en el Bernabéu, ni peleas ni lanzamiento de objetos. Los tiene controlados de tal forma que sus abonos son los únicos que exigen ser acompañados del DNI para poder entrar. Contra el Valladolid, el medio centenar de ultras reunido en el campo gritó durante el partido "abonos transferibles", algo que desconcertó a los rivales más que los habituales insultos.

Empeño inútil

El Madrid ha decidido sacarle el fondo sur a los ultras e instalar allí su perseguida Grada Joven. El grupo lleva dos años de guerra soterrada por el control de las cuentas. Los más jóvenes acusan a los históricos de lucrarse con la comercialización de Ultras Sur como marca registrada, organización de viajes y demás actividades que requerían esfuerzo económico y que según ellos estaban hinchadas para permitirse beneficio personal. A Cadenas se le llamaba "rata" y "chivato" (esto último por haber advertido de los problemas al club); por su parte, los oficialistas acusaban a los cachorros de presentarse ante la seguridad del Madrid como futuros controladores del fondo, ser traficantes y consumidores de cocaína, querer quedarse con el tinglado para su provecho político y estar vinculados con el Frente Atlético.
Las tensiones se dispararon durante el partido frente al Málaga el 18 de octubre. Ese día uno de los cabecillas de los jóvenes, Antonio El Niño, se dirigió a un grupo para echarlo por pertenecer a una facción política que no le gustaba (todas las facciones de US son de extrema derecha, la mayoría de veneración y propaganda de Hitler; varias ni siquiera niegan el Holocausto, sino que animan a repetirlo). El día de la Juventus, Álvaro Cadenas le reprochó su actitud o le atacó, dependiendo de la versión. En el siguiente partido en casa, frente al Sevilla, el grupo de los jóvenes fue hacia Cadenas para decirle que había gente que ya no quería que siguiese al mando de Ultras Sur. Según las dos versiones, Cadenas accedió y permitió una transición. Pero la reunión en la que se formalizaría el trasvase de poder no llegó nunca. Y comenzó una guerra escrita que tiene asustados a los más puristas: dos grupos de neonazis que presumen de sus delitos, y para quienes su reputación se mide por el número de palizas, desmintiéndose con comunicados públicos, como ministros.
Por fin en la noche del 9 de noviembre, antes del partido contra la Real Sociedad, el grupo de los jóvenes, pertenecientes en su mayoría a la facción casual Madrid City Firm, se presentó en el Drakkar para "llevarse al responsable de Ultras Sur por delante", dice el sector oficial. "¿Cómo pensaban que serían recibidos? Dicen que venían a negociar, ¿con cuchillos?". Hubo puños americanos, palos y navajas; según la versión que se recoja, los armados eran los otros. Los jóvenes dicen que del bar salieron veteranos con armas blancas. Los históricos, que no. "¿Por qué inventan que salió del bar gente armada, y en cambio no dicen que varios de ellos iban cuchillo en mano y por eso la gente se defendió? ¿Alguien puede creerse que fueron ellos los atacados cuando horas antes en las redes sociales avisaban de que iban a batirse?".

Más 'políticos' (o sea, nazis) que 'aficionados'

La pelea fue dura y remitió a los viejos tiempos, con la particularidad de que se producía en el seno de la organización. Siguió en los foros, donde El Niño, apodo de Antonio Menéndez, cabecilla de la hornada joven, se reía de Cadenas: "Ni salió del bar, le faltaron las palomitas". Esa noche intervino la Policía. Y actuó el Madrid, que estaba alertado de las graves disensiones entre facciones de Ultras Sur. Expulsó a 250 violentos del fondo y aseguró que no permitirá que Ultras Sur ocupe la grada siendo manejado por "delincuentes" que sólo quieren, dicen en Concha Espina, "valerse del Madrid para sus actividades fuera de la ley y su propaganda nazi". Ellos mismos se definen como más "políticos" (o sea, más nazis) que "aficionados", y su líder, que ha protagonizado con Ultras Sur viajes y peleas, reconoce que es del Atlético de Madrid, algo que en el club lo ven como prueba disparatada de que la utilización del fondo sólo pretende ser un instrumento de visibilidad y negocio. Los veteranos habían alertado de lo que ocurriría: "El club no quiere nada con ellos: si llevan el mando, no hay grada".
El asalto al Drakkar ha tenido en este submundo violento un paralelismo con los ataques de Oviedo en 1988 que supusieron el ascenso al poder de los Ochaíta, Cadenas, el Gordo o Alberto Matesanz (Matesanz apuñalaría después, estando con Cadenas, a un hombre en el bar Refugio; Cadenas pasó por prisión y Matesanz desapareció diez años: en los garitos nazis se dijo que estaba pegando tiros en Croacia). Por Oviedo pasaron hace más de 20 años los adolescentes ultras, que vieron en las fiestas de San Mateo unas casetas de los comunistas y las atacaron; hubo varias puñaladas y detenciones, entre ellas las de Ocha y Cadenas. Volvieron a Madrid como héroes. Tomaron el poder y nunca lo dejaron hasta que hace un mes, siguiendo una historia circular, el grupo del Niño hizo lo impensable: ir a por los ultras más legendarios a su lugar de culto, el Drakkar, y retarlos a una pelea salvaje.
"¿Cómo no se iba a quedar Cadenas en la barra? En Madrid lo conoce todo el mundo, sobre todo la Policía. No puede pasear tranquilo. Un puñetazo y se va a la cárcel un tiempo. Con más de 40 años y una familia, qué quieres que te diga", dice un cercano de él. Tras el paso atrás del antiguo líder y los suyos, llegan conversos de última hora: "Honor Niño Skin", le dice un ultrasur en Twitter al mismo Menéndez que insultaba días antes.
-Enhorabuena, niño, te has salido con la tuya.
-Ha pasado lo que tenía que pasar, de enhorabuena nada. ¿Ahora qué pasa contigo?
-Pelillos a la mar. AC era una rata y un chivato y ha quedado de sobra demostrado. Honor a los valientes.
-Me has insultado, faltado y demás. Hay que ser consecuente y asumir responsabilidades.
-Me equivoqué (...)
-Rectificar es de sabios. En la calle no se va a pegar a nadie, borrón y cuenta nueva. Pero os toca tragaros vuestras palabras.
A este joven ya se dirigen como un nuevo Padrino miembros de Ultras Sur pidiendo acción. La usuaria EvaHess88 pregunta "cuándo se va a acabar con los Bukaneros", ultras del Rayo. "Según están las cosas hay que ir con pies de plomo", contesta él. Ante la insistencia admite: "A todo cerdo le llega su San Martín". "Contad con mi chico", anuncia ella. Pero la prioridad de los nuevos jefes es Florentino Pérez, al que hacen responsable de su desaparición del Bernabéu; en el entorno de los radicales se suceden las amenazas. Por una situación parecida pasó Laporta cuando expulsó a los Boixos Nois.
Los ultras se debaten ahora entre la ira y la nostalgia. "Nuestra vida fue esta grada, esta calle, estos viajes, estas peleas, detenciones, multas y un sinfín de cosas que, buenas o malas, fue nuestra vida. Y queremos que lo siga siendo". Sus víctimas, muchas marcadas para siempre por llevar la bufanda equivocada, esperan que no.

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